lunes, abril 12, 2010

The Blank Generation. Antonio Orihuela

THE BLANK GENERATION


Antonio Orihuela


Hace treinta años, en el pueblo,
era fácil encalar la fachada de tu casa.

Hoy tienes que pedir un permiso especial en el ayuntamiento,
una especie de disco de papel con el prohibido aparcar,
y espacios destinados a contar la película.

Todo el pueblo se entera de que vas a pintar
menos los que no saben donde dejar el coche
y se limpian el culo con las ordenanzas municipales.

Desde el día que llegamos a la casa de la abuela
mi mujer me había estado diciendo
que había que pintar la fachada,
me lo dijo unas cuarenta millones de veces,
así que ahí estaba yo,
al final de las vacaciones,
pegando el dichoso cartel
un par de tardes antes de marcharnos de allí
hasta las siguientes vacaciones.

Había quedado a las ocho de la mañana con un pintor
porque no me gusta pintar solo.
Me levanté a las siete y media, desayuné,
llené media calzada de cajas de tomates,
que siguen siendo la contraseña de toda la vida
para evitar que alguien aparque delante de tu puerta,
y me senté a esperar al pintor.

Habíamos quedado a las ocho
y se presentó con puntualidad andaluza
a las nueve y media.
Se justificó diciéndome que se había acostado a las cinco,
que había estado toda la noche pinchando.

-¿Qué eres, practicante?
-No, pinchadiscos.

Pensé que ya nadie pinchaba discos.

-Bueno, es una forma de hablar,
aunque cuando empecé aún había platos.

Le pregunté la edad,
no recuerdo si me dijo que tenía 24 o 32 años.

-¿Y tú?, treinta y seis, ¿no?

Me eché a reír.

-Tampoco eres tan viejo.

-Cuarenta y dos ¿No has visto mis canas?

David me contó
que había sido el último disc-jockey de la discoteca del pueblo,
antes de que la gente joven dejara de pensar en serlo
y sólo quisieran convertirse
en Hermano Mayor de una cofradía de penitencia o de rocieros.
Entonces tuvieron que cerrar.

-¿La conociste?

Conocí a casi todos los disc-jockey que pasaron por aquel antro,
y antes a los de la Barbacoa y El Patio,
donde si acaso se pinchaba algo
era ya alguna vena.

-Yo conocí a Ángel, el que murió de sobredosis.

Mis recuerdos aún son más viejos,
le digo al rulo de pintar,
y mientras la voy extendiendo
aparecen en la pintura fresca
escenas de aquel tiempo,
cuando mi vida,
que fue de niño muy lenta,
comenzó a acelerarse,
allá por 1984,
cuando reunimos unas pocas miles de pesetas,
nos pusimos a mirar en El Cambalache
y compramos el equipo de música y los instrumentos
de una banda que hacía bodas y bautizos
y acababa de pasar entera,
en un accidente de automóvil,
a mejor vida.

Alquilamos un garaje
y le buscamos un sonoro nombre a nuestro grupo:
Mi Novia la Barra.

Un grupo que era sólo casi ese nombre,
porque todo lo demás eran peleas.

El Rubio quería que tocáramos rockabilly
y que vistiésemos con ropas vaqueras
y sombreros tejanos
y gafas Ray Ban.

Fran, el batería, estaba por el rollo de darle duro,
algo muy punky que aderezar con las fumatas de papel de plata.

Jesús, Víctor y yo estábamos por otras historias,
no nos queríamos parecer a nadie,
estábamos por hacer mucho ruido, de acuerdo,
pero sin concesiones,
no íbamos a tocar sevillanas
por mucho que nos las pidieran en los conciertos.

Por lo demás, nos llevábamos bien,
ninguno tenía mucha idea de música
y eso siempre facilita las cosas,
las letras las ponía yo, pura caña,
había que escupir sobre lo establecido,
así que íbamos a salir a tocar para machacar
el modelo de éxito social que, entonces,
se encarnaba en el banquero repeinado con gomina y traje oscuro.

Ese sería nuestro uniforme,
queríamos llegar a la gente
aunque después vimos que a la gente
le importa todo un carajo.

Tampoco tuvimos muchas ocasiones,
sólo llegamos a tocar en un par de veces,
aunque eso no quita que El Rubio y Fran
estuvieran todo el día de gira,
a veces me apuntaba yo, otras
la furgoneta iba completa
camino de las tierras de la Tranquilidad,
la Serenidad
y la Paz.

Estábamos en el garaje ensayando
y comenzábamos a ver a través de las paredes,
tocábamos entonces piezas auténticamente hermosas,
tanto que cuando todo acababa
nadie recordaba un solo acorde.

Mi Novia la Barra
dio su primer concierto en el bar de Camilo,
un concierto para cinco amigos,
todo muy selecto.

Canté completo el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz
para una versión de guitarras fritas
bajo y batería.
Aún conservo la grabación.
Todo un éxito de público y crítica.

La fiesta para celebrar nuestro bautismo de fuego
se celebró allí mismo y se alargó hasta el amanecer.

Me recuerdo revolcándome en pelotas con Jesús
y dos relucientes americanas que no sé de dónde coño habrían salido
por una superficie costrosa y llena de cristales rotos
que aquella noche hizo las veces de suelo.

También de Jesús vertiendo un resto de gin tonic
sobre un cenicero tuberculoso lleno de colillas
y bebiéndoselo sin rechistar.

Era verano, hacia calor,
abríamos las cervezas, las agitábamos bien
y nos duchábamos con ellas, después
seguíamos rodando por el suelo,
medio a oscuras,
perseguidos por la música de The Stooges,
revolcándonos con aquellas chicas salidas de ninguna parte
y que nadie volvió a ver nunca más.

En nuestro primer concierto hubo muerte y resurrección,
Fran y El Rubio se piraron a buscar jaco
en cuanto dejaron de sonar los aplausos.

Fran y El Rubio eran carne picada,
currantes de diecisiete años en la albañilería y los comercios,
desertores del instituto donde el resto
seguíamos penando veinte años y un día
rodeados de imbéciles llenos de granos con problemas en la piel,
pajilleros y preciosidades que querían casarse por la Iglesia
y fundar una familia.

Paz y Amor hasta que el dinero y las polacas os separen para siempre,
debería haber dicho el cura durante todos esos años,
mis años ochenta,
los años de la Generación Vacía,
el envés de estos de la Generación Ahíta,
aunque entonces como ahora
tampoco esté pasando nada.

Los años de la Generación Vacía.

Los hippies se habían reconvertido en políticos de lo posible
y en la izquierda del consenso.
Los punkis derrotados por Reagan, muertos o en trance de ello,
la movida controlada por el Estado,
desinfectada y exportada por el Ministerio de Cultura
dentro de cajitas de bombón glasé
como la nueva imagen de España en el mundo.

Los políticos y las compañías
se habían puesto de acuerdo para apoderarse de la cultura
y ya no nos pertenecía, bien,
se podían quedar con toda aquella basura de la pintura figurativa,
el rey del pollo frito, el tecno pop
y toda aquella música de entonces que era una mierda total
tocada por conejitos duracell que iban de gira
si antes les habían dado cuerda en una multinacional.

No teníamos nada que recuperar
de un mundo que sólo nos ofrecía paro, drogas
y muchas cosas de las que quejarnos.

Si acaso, lo que teníamos era que destruir el capitalismo,
crear sobre sus cenizas nuestra propia forma de vida,
trabajar por la anarquía con la imaginación,
desde nuestras imperfecciones,
poniendo creatividad en la vida
que hasta entonces sólo nos había querido mostrar
su lado más vergonzoso y estúpido.

Eso pensábamos, nosotros
que vivíamos en el culo del mundo,
queriendo ir más allá, más allá,
queriendo hablar a la gente de revolución,
a la gente que le importa todo un carajo.

Ratas, numeradas ratas, decía uno de nuestros temas.

Tú eres la luz entrando por la ventana, decía otro
que tenía mucho del Jesús de la Rosa de Tu Frialdad
y la atmósfera de King Crimson
y el corazón de la Patti.

Tarareaba aquellas canciones increíbles
y el mundo cobraba un extraño aspecto,
como más brillante, más nuevo y apetitoso.
Cantaba aquellas canciones
y tenía la certeza de que todo se llenaba
de una magia tal que parecía que Dios
se había puesto por fin a trabajar.

Qué bien sonábamos de viaje por aquel garaje,
nosotros que apenas éramos
también gente quemada,
tipos pobres que sabían que era mejor no hacer preguntas
cuando alguno llegaba al garaje con un puñado de púas,
un pie de micro, un ampli, y hasta con un sintetizador,
tipos sin suerte con las buenorras casaderas
que nos habían puesto muy al final en su lista de posibles,
gente sola
que buscaba en la música
una forma de estar con alguien sin tener que hablar,
que buscaba en las drogas
un carril bus
por el que alcanzar un estado de plenitud tal
que parecíamos cinco muñecos de la Goodyear
a punto de estallar y diseminarnos en el aire.

Salíamos así de puestos a tocar,
dando todo lo mejor que teníamos dentro
aunque delante no hubiera nadie,
como nos pasó en un concierto que dimos en Nerva
y que en teoría tenía que ser gratis
porque lo pagaba la diputación,
pero a la concejala de turno
se le ocurrió cobrar mil pesetas de entrada
como si fuéramos los Rollings.

Toda la peña del pueblo, a excepción de la concejala y su marido
estaba afuera, expectante por oír, aunque fuera de lejos, a aquel grupo
que no conocía nadie y que cobraba mil pelas de entrada,
así que le dijimos a la señora concejala
que o dejaba entrar a la gente
o nosotros tocábamos en la calle
y entraron.

Tocamos aquella noche porque teníamos un sueño,
porque habíamos mirado dentro de él
y el sueño nos pareció bueno, muy bueno
y cargado de los mejores augurios.

Tocamos aquella noche para más de cien personas.

¿Te acuerdas, Rubio, te acuerdas, Fran?
Lleváis años bajo tierra pero hay cosas que conviene no olvidar.

El Maja, Lolín, El Vargas, Serena, Fernando El Cojo,
Gonzalito, El Mellizo, Pepín El Chico, el de Zárates,
El Conejo, Pepe Recio...

Ninguno cumplió los cuarenta.

La Generación Vacía,
los chicos de las alegres vacaciones,
todos en un frío agujero bajo tierra,
justo al lado del otro agujero donde nos arrojaron al resto,
adornado con una TV y una hipoteca.

Todos viendo cómo vienen los ángeles a buscarlos,
ángeles afeitados que conducen buenos coches
y les dicen que a partir de ahora
se acabó eso de ir a fichar en el paro,
que van a empezar a trabajar en grandes cosas.


Nuestro segundo concierto
en aquella gira promocionada por la diputación
para animar a los grupos de la provincia
fue en Isla Cristina.

Nos fuimos tempranito con idea de comprar algo de costo
y revenderlo luego en el pueblo y hacernos con algunas pelas,
pero para cuando cayó la noche
ya nos habíamos pulido hasta el que habíamos traído.

Íbamos tan pasados que nada más terminar el primer tema
empezaron a volar latas de cerveza sin abrir,
morteros de tristeza y desolación
cayendo sobre nuestras cabezas,
un espectáculo conmovedor
en el que Fran, parapetado tras la batería,
aún tenía fuerzas para agacharse a recogerlas, abrirlas, beber a morro
y saludar al público haciendo el mono con las baquetas.

No recuerdo cómo salimos de aquella, el caso es que
tuvimos cerveza gratis en el garaje durante varios días.

También chichones, moratones y pequeños cortes
se repartían generosamente por nuestra piel,
pero eso daba igual,
en aquella época la gente parecía de goma, indestructible.

La vida era como en los dibujos animados,
por muchas drogas, peleas y golpes,
nadie se hacía daño de verdad.

Poco antes de deshacer el grupo
grabamos una maqueta a cuatro pistas, en Ramblado,
el estudio más barato que entonces había en Huelva
y que estaba detrás de una tienda de discos.

Como para ingerir drogas no hace falta mucho talento,
llegamos tan ciegos que no atinábamos
ni a montar los instrumentos.

Nos pasamos las cuatro horas que habíamos contratado
yendo y viniendo del cuarto de baño.
Pepe, el técnico de sonido, supermosqueado con el trasiego,
no hacía más que preguntarnos que qué pasaba con tanto viaje al baño.

-Es que cuando actuamos bebemos mucha agua.

Grabamos aquella maqueta
y la enviamos al Espárrago Rock.

Recibí una carta,
nos habían aceptado,
pero estábamos sin un duro
y decidimos ir en autobús,
con los instrumentos en el maletero.

Nos habíamos levantado a las cinco de la mañana
para ir a Huelva,
y desde allí a Sevilla
donde pillar otro bus hasta el Espárrago.

Desayunamos en la estación en plan macrobiótico,
café, tostadas, zumo de naranja
y un poco de polvo de ángel
que había traído Fran
y que nos dijo era ideal
para mantenernos despiertos.

Aquella mañana, sentados en el bar de la estación,
fuimos viendo pasar ante nuestros ojos
todos los autobuses que iban a Sevilla.

Escuchábamos cómo voces de ultratumba los anunciaban por megafonía,
los veíamos arrancar entre estremecidas de gelatina arco iris
y salir con un blando traqueteo líquido de la estación,
en medio de una música que era también
un carrusel de mutaciones de forma y color maravillosas,
que llenaban el aire y explotaban en nuestro interior
provocando oleadas de calor y felicidad.

Nos mirábamos extasiados, conectados,
sincronizados unos con otros
como jamás lo volveríamos a estar,
diciéndonos, sin abrir la boca,
en el siguiente, tíos, eh, venga,
vamos a estar al loro,
en el siguiente nos vamos...

y así se nos hizo de noche.

También pensé en la posibilidad de probar suerte en Madrid,
marcharme solo o con Jesús,
el resto de la banda ya empezaba a estar lo suficientemente enganchada
como para no poder tocar ni la pandereta.

No es que fueran adictos a la heroína,
es que eran adictos a la adicción.

Movidas con camellos, navajas,
préstamos urgentes que jamás se devolvían,
películas cada vez más increíbles,
caras tornasoladas un día a verde, otro a azul
y su constante olor a medicamentos...

Empecé a llamarlos El Trío Problemas,
les decía que éramos Mi Novia la Barra y el Trío Problemas
directamente desde Boza,
el supermercado al que se acercaban a pillar.

Estaba cansado, asqueado con la idea de que, finalmente,
más que música,
parecía que hacíamos el grito de la cabra
cuando la degüella el carnicero.

Se lo comenté a Jesús y estuvo de acuerdo,
en Madrid o Barcelona no seríamos unos colgados,
seríamos normales,
dos almas torturadas con un extraño sueño
que no cabía en aquel pueblo.

Hicimos planes,
pero las evidencias pesaban más que nuestros deseos.

Cada vez que intentábamos marcharnos
era como si el pueblo se expandiera más y más,
haciendo que las calles midieran miles de kilómetros,
calles interminables de las que era imposible salir.

Un treinta y uno de diciembre, en el funeral de Camilo,
se lo dije a Jesús.

Nos hemos jugado la vida en esto, pero
no hemos podido sacar a la victoria
de las garras de la derrota,
que diría Johnny Thunders.

Todo ha terminado.
Somos la Generación Vacía.

Cae el sol a plomo
cuando rematamos de pintar la fachada.

Le digo a David y a sus ojos rojos y faltos de sueño
que hace años yo tuve un grupo.

-Ah, ¿sí?, de sevillanas, ¿no?
-Sí, de sevillanas.

domingo, marzo 28, 2010

Dolores de poesía en los bares



La culpa de todo la tuvo un porrón de mistela. Y una foto, para que al hacerme el chulito bebiese y bebiese hasta que los dientes quedaron pegajosos. Todo ello ocurrió en el Benito donde habíamos sido convocados por fuerzas telúricas (o por correo electrónico, pero queda mejor fuerzas telúricas) y allí se personaron amigos variados y diversos, de los de verdad y de los de feisbuk que se ahora ya son de verdad. Y la abundancia de cámaras, camarazas y camaritas. Seguramente tendremos fotos de todos los perfiles, para su utilización después de la rueda de reconocimiento, pues todos queremos reconocimiento, aunque sea en una rueda para descubrir al culpable, algo que casi ninguno queremos ser.



Hubo poesía y sobre todo divertimento. Aunque la poesía puede ser dolor, hubo divertimento y disfrute.

Después del porrón de mistela, hubo cañas y cervezas (tercios por supuesto). Hubo abrazos y besos, hubo poesía y reencuentros y recuerdos, recuerdos. Hubo poetas en presencia continua y otros en presencia alterna. A algunos les prestamos la voz, sólo la voz, como a Luis Miguel Rabanal y Aldo Z. Sanz y de sus gargantas en la lejanía llegó alto y claro el son sus letras, sus renglones, sus versos.




En presencia estuvo Toño Morala, Ildefonso Rodríguez, Silvia Díaz Chica, Jorge Pascual, Xen Rabanal, Víctor M. Diez, Juan Carlos Pajares, Eloisa Otero, Vicente Muñoz y Felipe Zapico, que desde la niebla esto os narra.

En ocasiones no se oía a los poetas, bien porque no había micro o este se acoplaba con los versos, o tal vez había versos que se acoplaban al micro, igual que otros se acoplan al cerebro y algunos, unos pocos, se acoplan al corazón. Pero ay de aquellos que se acoplan a la garganta y no se sueltan, no se sueltan; cómo duelen.







Tras varias cervezas, orujos, cubatas y otros pólenes, después de recitar en la calle a la puerta del Bardalla, con gran emotividad y frío por parte del respetable, que solicitó la oreja y el rabo de alguno de los participantes, así como el indulto de alguno de los ausentes.

El Cafetín, fue un runrún de recuerdos, de botellas de mistela añejas y aceitunas matutinas, antes del primer poema, del primer amor, del primer dolor. Bajo su arco falso de escayola declamamos, contamos, nos herimos y nos curamos. Aquí se unieron al grupo dos poetas espontáneas Ena y Nuria.




La letanía continúo bajo la luz de la catedral a esas horas en la que la noche devuelve la luz recogida durante el día y la envía de dentro a afuera a través de sus vitrales coloreados, coloridos, doloridos de tantos escarnios contemplados.


El CCAN, fue el cierre, el broche el boquerón de proa. Terminada un concierto de blues, y con un micro abierto, soñamos que no habían pasado 30 años, o uno menos, soñamos que todos los huecos de ausencia y desolación se rellenaban, se cubrían.




Los versos se repitieron incluso tras pedirse un bis a los participantes. Al final volvió el blues, la canción, las gargantas cerca de romperse, de estallar, la cabeza nublada. Pero cuando logramos irnos a la cama, estábamos tranquilos, cautivos, señalados.


(Las fotos son mias, salvo la mia que es de JR. Vega, Chouman para mi).

martes, marzo 23, 2010

Las noches del Berlín.



Hace unos días mi amigo Pajarón me dió esta parte del mural que lució en la inauguración de la segunda etapa del Berlín. Parapetados tras la zona del pincha aparecemos parapetados Pajarín y yo, caricaturizados como ratones (como todo el resto del personal que pulula por allí).
Nunca podre olvidar el Berlín, su enorme columna (la que se ve en el dibujo, y había otra entrando).
Desde ese nido de ametralladoras pusimos las canciones que nos gustaban y no hacíamos caso ni a dios, a no ser que dios tuviese una sonrisa arrebatadora.
Allí me bebí una caja de Keler (por lo menos), nos bebimos la vida, dejamos el alma y algunas cosillas más.
A todos los que pasasteis por allí en algún momento, un saludo y larga y placentera vida.
A los que habéis estado en otros bares, en otros sitios, un saludo y larga placentera vida.

Litro de versos en Valladolid.

viernes, marzo 19, 2010

Alex Chilton



Ahora ha sido Alex Chilton quién nos ha dejado. Un buen exponente del power pop, eso que no sabemos si es pop vigoroso o rock meláncolico. Con sus bandas y en solitario nos hizo pasar buenos ratos, buenas canciones. Que la tierra te sea leve compañero.

lunes, marzo 15, 2010

Dolores de poesía en los bares



VIERNES 26 DE MARZO DE 2010 A PARTIR DE LAS 22 HORAS.

Porque queremos juntarnos en los bares que nos gustan. En los bares donde hemos escrito y sobre todo bebido. Y queremos celebrar esta ronda poética con la compañía de nuestros amigos.

Os esperamos.

jueves, marzo 04, 2010

Conociendo gente...que se hace apreciar.

Atravesando la ciclogénesis explosiva por tierras del Campoo, y mientras el coche era zarandeado inmisericordemente, reflexionaba sobre los conocimientos hechos en el infortunio (como decía mi querida Ana de Andrés).
El día antes en Santander conocí a José Alberto González Celis un fan de Deicidas y más concretamente del tema Camionero de fortuna (En la A-66). La charla fué muy agradable, con cervezas de por medio y muchas informaciones. Cuando le hablé de mis hazañas como submarinista y mi empleo como valvulista la cosa subió de tono, él que entre otras muchas cosas es marino, me contó que el valvulista es un puesto de trabajo en los barcos y que los filipinos lo llaman Manifold Man, por lo que este blog desde hoy tiene ese subtítulo.

Mientras todo esto sucedía, a cientos de kilómetros de allí, la tormenta de marras, me arrancaba dos persinas de la casa de Badajoz, menos más que Pepe acudió al rescate, tras una oportuna llamada de Pilar.

Ahora estoy en capilla para la presentación en Córdoba y me acaba de llamar Héctor Escobar para decirme que no puede venir y que me tendré que hacer un autopanegírico.

Bueno espero conocer en persona a Carmen y a Valentín y tal vez a Jesús. Así que espero que la postpresentación sea larga y placentera.


viernes, febrero 05, 2010

Pobres de solemnidad

Hace unos días un amigo me enseño un BOE donde aparecía el registro de una nueva fundación (que días más tarde ha recogido la prensa y la blogosfera a raudales) para sostener a los pobres vergonzantes. Lo leímos y pensamos que era un montaje. Así que nos fuimos a la página web del BOE y resultó que si, que era algo oficial, fíjate tú del BOE. Allí entre marquesas y Borbonas se establecía que ayudasen a todas, las señoras que llegasen después de hacer tenido un buen pasar a la situación de pobres vergonzantes, vamos que no den verguenza, sino que la sientan por verse en esa situación.




A los dos o tres dias paseaba por el Paseo Fluvial de Badajoz, y vi lo que nunca antes había visto en directo, vivir debajo del puente. Con verguenza, hice una foto, y después me dedique a verla en casa, estos son otros pobres, pobres de solemnidad, notorios, nunca han tenido un buen pasar, pero ahora disponen de tienda de campaña, televisor (sin TDT), y un montón de bolsas y recipientes, cajas de cartón y cochecito de niño. Estos pobres no han sido ni marqueses si borbones, pero seguro que tienen más dignidad que todos ellos, y que nosotros, juntos.

viernes, enero 08, 2010

Prólogo de Eloisa Otero a Litro de versos.

Después de muchas lunas…

Viajábamos en un viejo coche, mientras sonaban ‘Ratita bonita’, en una versión lentísima, y ‘Seré mecánico por ti’, de Kiko Veneno… ¿Habrán pasado 21 años desde entonces? No. En realidad eso sucedió hace mucho más tiempo, en una época en que nos hubiera gustado ser punkies y escupir palabras verdaderas sin que importara la sangre. Es una metáfora, claro. No se puede "querer" ser punk. Como dice Garrafis: se es, o no se es punk.

Hace 21 años, no obstante, supongo que cada cual había tomado su camino y tuvieron que pasar muchas lunas hasta que volvimos a encontrarnos, unos con otros, y con el recuerdo de los que ya no estaban, también, como si la vida fuera algo más que eso que se escapa de nosotros hasta dejarnos exhaustos, como si los ausentes no formaran parte sólo de lo que fuimos sino de lo que llegaremos a ser.

Huyendo cada noche de mí
di los rodeos más extraños
llegando siempre
sin remedio,
casi siempre crispado,
a donde había prometido no volver.

Hace ya más de 20 años que se produjo la disolución del Telón de Acero y la caída del Muro de Berlín. Y aunque en aquel entonces el Ayatolá Jomeini ofreció una recompensa de tres millones de dólares por matar a Salman Rushdie, condenado por escribir ‘Los versos satánicos’, el escritor aún sigue vivo. Pero hete aquí que siete años antes, en 1982, Siniestro Total ya cantaba aquello de ‘Ayatollah, Ayatollah, no me toques la pirola…’, advirtiendo de lo que se nos venía encima. Claro que los fundamentalistas (de todo tipo) nos han seguido tocando la pirola a todos y todas, cada vez más.

Hacia 1988 está datado este ‘Litro’ de versos con solera de Felipe Zapico (’Zapi'’). Es decir, sólo un poco antes de que Internet dejara de ser un sueño gracias al físico Tim Berners-Lee. En aquella época Zapi leía a Bukowski (no los poemas todavía) y recomendaba ‘La máquina de follar’ (que nunca llegué a leer, por cierto). Siempre sospeché que aquello era un puro atavismo, aunque tiempo después apreciaríamos en lo que valen los poemas devastados del gran Chinaski, porque sí, porque el amor puede ser un perro infernal y hay cosas que Shakespeare nunca hizo.

Acopié gozos
llegó el yermo
y fue tanta la tristeza
que sólo pude escribirlo.

Los poemas, con el tiempo, mas que amarillear se pueden convertir en objetos simbólicos-melancólicos-secretos. Y ahora resulta que Zapi, el que se esconde tras ese poderío con el que se crece sobre el escenario cuando ejerce de Deicida, ha tardado precisamente 21 años, o más, en sacar del armario (o almario) este ‘Litro’ para ofrecérnoslo a pequeños tragos. Asumiendo eso de que "la escritura puede ser una trampa" de Bukowski, frente al "nunca llegarás a nada" de Benet.

Estalló un vaso a nuestros pies
dos bofetadas sirvieron para educarle
las mujeres me admiraron esa noche
pero durmieron con los hombres
que se habían quedado quietos
muy quietos.

(De ‘Tragos’)

¿Se notará en estos poemas el paso del tiempo? Porque son versos de amor y desamor, en los que burbujean las palabras y sus huecos como algo necesario. Como un conjuro contra la soledad, las heridas, la desventura, la fragilidad, el desvalimiento o la locura. Porque expresarse a través de la fractura tiene sus riesgos.

Como pudo decir Bukowski: "Un poema es una ciudad llena de calles y de cloacas (…) / un poema es el mundo". Y como dijo Samuel Beckett "ser artista es fracasar donde ningún otro se atreve a fracasar". Pero es a Bukowski a quien están dedicados estos versos de un libro inédito de Zapi, ‘El ladrón de peras’:

Algunos descubren al poeta,
al hombre que sabía amar,
y escribía duro, cortante,
tan romántico como una motosierra
en Finlandia.
Henry te adoro, me has contado
cómo es la vida
aunque yo no tenga ni puta idea
de qué hacer con la mía.
Y para el que no lo sepa
escribía como los ángeles,
del infierno,
por supuesto.

Y de ese mismo libro extraemos otro poema, fechado en Córdoba, el 23 del XI de 2007, en el que sí se nota que han pasado 20 años, o más:

No eres un clavo ardiendo
pero me abrasas.
No eres una tabla de salvación
pero me reflotas.
No eres la fuente de la vida
pero me sacias la sed
tan lejana, tan antigua.
No eres una gata
pero me arrullas.
No eres tantas cosas,
que las que eres
me encantan, me salvan, me enamoran

o incluso en este otro, más reciente, que lleva el título de:

‘Consejos contra la gripe humana’

No beses
si no amas.
No des la mano
si no sientes afecto.
No des la espalda
ni a tu padre.

Ahhhh…!
Pues sí, hace bastante más de 20 años que no me puedo escapar a tu poder de seducción, querido amigo. ¿Será cierto que hemos cambiado de siglo? Si no fuera por los avances de la física cuántica y la mecánica ondulatoria y por la blogosfera y el facebook y las nuevas tecnologías digitales y todo eso de viajar por el ciberespacio virtual… yo diría que no… la verdad.

En fin, hace más de 20 años quizá ya intuíamos que la mejor inversión de una vida es la del cariño, tal y como lo expresó Raymond Carver poco antes de morir:

And did you get what
you wanted from this life, even so?
I did.
And what did you want?
To call myself beloved,
to feel myself beloved on the earth.

[¿Y conseguiste lo que
querías de esta vida?
Lo conseguí.
¿Y que querías?
Considerarme amado, sentirme
amado en la tierra.]

ELOÍSA OTERO
(En León, septiembre de 2009)

–––
[P.D.: Este ‘Litro’ nunca hubiera sido el mismo sin el trabajo y la exploración de Juan Rafael en torno al concepto de PINTURA: "Aquello que recubre / (o disimula) / las fronteras de los espacios que habitamos". Brindemos pues, también, por la mixtura singular de este brebaje irrepetible destilado a cuatro manos… ¡Salud!].

jueves, diciembre 24, 2009

La guerra de los disfraces.


Pues resulta que un sindicato de compañeros africanos ha protestado por los cientos de Baltasares que se pintan en España en estos días (estoy de acuerdo con ellos, aunque en alguna ocasión me he pintado hasta yo). Pero este compañero de Córdoba ha decidido pasar a la acción y ha dicho que si los blancos van de Baltasar él va de Papá Noel.

miércoles, diciembre 23, 2009

Sano y casi salvo.






Pues bien, sano y salvo en Sierra Morena después de casi 1500 kilómetros, hoy con nieve, área de servicio colapsada, picoletos amables, y un viaje horroroso, veo que Felipe Martínez Cañibano ha colgado un video de la presentación de Litro de Versos, lo que más se aprecia es la risa que pasamos...y la verdad me parece un logro que una presentación de un libro de poesía sea un ataque de risa.
Gracias a todos.
Un beso

jueves, diciembre 17, 2009

Litro de versos. Lunes 21 Hotel Quindós

Como viene siendo habitual los planes se hacen para cambiarlos. Así que ya lo sabeís la presentación de Litro de versos, se realizará en el Hotel Quindós de León, el lunes 21 de diciembre a las 20 horas.
Amenizará la velada con su guitarra el Pájaro, Eloisa Otero nos deleitará con su magnífico prólogo, Rafa estará y eso será bastante sacrificio para él, Hector estará o no y yo leeré algunos de los versos.

De aperitivo os dejo un par de cositas. Sólo decir que es este libro los números son importantes.


35



Acopié gozos

llegó el yermo

y fue tanta la tristeza

que sólo pude escribirlo.





55



Cuando el coñac

y el anís

se funden,

el hielo amanece

y el sinsabor

me vacía, hacia el vómito.

Entonces

hasta mi bilis

te necesita.



viernes, diciembre 11, 2009

Litro de versos



Queridos amigos, parece ser que ya está saliendo de la imprenta el libro Litro de versos, mi primer poemario en papel, editado gracias a Hector Esobar en su nuevo proyecto editorial Eolas. Además nada hubiese podido salir adelante sin el trabajo de ilustración de Juan Rafael (un trabajo maravilloso, ya lo veréis) y Eloisa Otero que ha realizado un prólogo que cada vez que lo leo me gusta más.

La presentación "oficial" comenzará en León el dia 21 de diciembre en el Hotel Quindós, a las 20 horas.

A partir de enero se presentará en Badajoz, Córdoba, Madrid y donde se pueda.


Os dejo los datos:

Litro de Versos.

Poemas Felipe Zapico Alonso.

Ilustra Juan Rafael.

Prólogo Eloisa Otero

ISBN: 978-84-936892-6-1

Editado por EOLAS (Colección Seinne)

Distribuido por EDISOFER

http://www.universitarialibros.com/files/productos/LITRO~DE~VERSOS_944229_1.html

Pedidos individuales Librería Universitaria de León 987 241511 unilibreria@telefonica.net



martes, diciembre 08, 2009

Grullas...por fin.

Martes vuelta a casa, sin grullas, si nada. Pero llegando a Llerena, a la derecha cerca de unos campos de colza que he fotografíado en primavera veo como unas cien grullas, retrovisor (no viene nadie), intermitente, camino embarrado. Apago las luces, apago el motor y salgo raudo y veloz con mi camarita compacta, y !ay¡ el objetivo no es lo mejor de mi cámara, necesito para ver pájaros una con un teleobjetivo bien gordo.




Pero qué placer, allí están con su sonido tan característico, su ruido, su algarabía, incluso llegan tres grullas y aterrizan para mi.




Qué placer al final he visto mi primera bandada de grullas de la temporada, pequeñita y por casualidad, pero me ha encantado.

viernes, diciembre 04, 2009

Fuí a por grullas y salí trasquilado





Pues eso fui a por grullas y en primer lugar me encontré con un toro






Después apareció un mulo cargado de sacos de aceitunas, como en una imagen de otro siglo.






Después de mirar y mirar, no vi una grulla...pero si estos pollos de corral.






A los que no les gustó mi presencia y se largarón con viento fresco